A apenas 200 metros del Balneario de Alicún de las Torres, este pequeño cañón tallado por un afluente del río Fardes esconde una serie de pozas termales en plena naturaleza, sin ninguna instalación ni infraestructura.
El agua, de origen minero-medicinal, se filtra en distintos puntos del cauce y va formando pozas escalonadas con temperaturas decrecientes: entre 22 y 28 ºC, según la distancia al nacimiento.
El propio nombre de Alicún viene del árabe al-liquq, «hendidura», en referencia a esta falla geológica de la que brota el agua, rodeada de vegetación de ribera que crea un pequeño oasis en un paisaje semidesértico.
El entorno tiene, además, un notable valor arqueológico: la zona forma parte de una de las rutas recomendadas por el Centro de Interpretación del Megalitismo de Gorafe, que conecta la Raja con dólmenes de época calcolítica y una antigua acequia de posible origen paleolítico.


