A un par de kilómetros del casco urbano de Huéscar, este nacimiento de agua natural se transformó a mediados del siglo XX en una gran piscina de verano, corazón de un complejo recreativo de más de 20.000 m² con aparcamiento, alamedas, zona de césped, instalaciones deportivas y restaurante.
El agua brota a una temperatura ligeramente termal, en torno a los 18-19 ºC, con un caudal generoso que puede alcanzar los 500 litros por segundo, y comparte protagonismo con los barbos y carpas que habitan sus aguas.
Más allá del baño, el lugar tiene también su propia historia: en el siglo XVI, mercaderes genoveses instalaron aquí importantes lavaderos de lana, que contribuyeron al esplendor de una ciudad de tradición ganadera donde el cordero segureño ha sido protagonista desde antiguo. El recinto cuenta además con rampas de acceso tanto a la zona de césped como a la piscina, pensadas para personas con movilidad reducida.


