Este es uno de los miradores más espectaculares sobre el Desierto de Gorafe y, a diferencia de otros puntos del desierto, aquí se llega en coche hasta el propio balcón. Desde lo alto se extiende un mar de cárcavas de arcillas y arenas en tonos rojizos y rosáceos, formado por miles de barrancos que dibujan el paisaje.
El Geoparque de Granada lo recoge como una de sus localizaciones de interés geológico, con materiales del Mioceno superior y el Plioceno de la Cuenca de Guadix, y la elevada erosión de un clima semidesértico sigue esculpiéndolo hoy.
Acércate a la hora del atardecer: la luz rasante hace que el rojo del terreno gane intensidad y que el desierto adquiera todo el sentido de su nombre, con una quietud difícil de encontrar en otros lugares. Conviene saber que también es una parada muy valorada por quienes recorren Gorafe a pie o en bici, y que desde aquí se divisan buena parte de los paisajes que se atraviesan en esas rutas.



