Azul turquesa, badlands y montañas se dan cita en una misma panorámica. El Mirador del Negratín permite contemplar el embalse desde una posición privilegiada, con el Cerro Jabalcón formando parte del horizonte y, en días claros, hasta cuatro sierras distintas a la vista: Sierra de Baza, Sierra de Guadix, Sierra Nevada y la propia Sierra que rodea Cuevas del Campo.
Frente al mirador, el descenso del nivel del pantano ha ido dejando al descubierto con los años un paisaje de cárcavas y «chimeneas de hadas», formaciones geológicas moldeadas por la erosión que convierten este punto en uno de los más fotogénicos del Altiplano granadino.
Es, además, una de esas vistas que explican muy bien por qué Territorio Cueva puede cambiar tanto de aspecto en apenas unos kilómetros: el mismo embalse que en Freila se convierte en playa, aquí se enmarca entre paredes de badlands casi lunares.