Este mirador es la gran recompensa del sendero PR-A 426, la Ruta del Desierto, y el punto donde el paisaje de Los Coloraos se muestra en todo su esplendor: un mar de cárcavas, chimeneas de hadas y agujas rocosas en tonos rojos, ocres y amarillos que cambian de intensidad según la luz del día.
El nombre del enclave viene precisamente de ese color rojizo, resultado de millones de años de erosión sobre un terreno rico en mineral de hierro, y que le ha valido comparaciones (algo exageradas, pero cariñosas) con el Gran Cañón o el desierto de Colorado.
A diferencia de otros puntos panorámicos del Geoparque, aquí no se llega en coche hasta el propio mirador. Hay que caminar, atravesando antes la Rambla de los Anchurones, lo que convierte la visita en una pequeña expedición por el que muchos consideran el desierto más árido de España.
