A los pies del Cerro Jabalcón y a orillas del embalse del Negratín, esta poza termal al aire libre lleva atrayendo bañistas desde tiempos romanos. Con los siglos pasó por muchas manos (incluidos los monjes jerónimos de Baza) y en el siglo XVIII llegó a rivalizar con los mejores balnearios de Europa, frecuentado por la nobleza española.
La construcción del embalse en 1985 sumergió las antiguas instalaciones bajo el agua, pero el manantial nunca dejó de brotar: hoy sigue aflorando de las fracturas del Cerro Jabalcón a una temperatura de entre 35 y 40 ºC, formando una piscina natural de unos 30 x 12 metros que se asoma directamente a las aguas turquesas del pantano.
Es agua a cielo abierto, sin recinto ni instalaciones: solo tierra, agua y calor, con las laderas calizas y los pinares como telón de fondo.




